España y diversidad: ¿sinónimos?

Hace no mucho tiempo escribí un artículo sobre el federalismo en España. Tiempo después empecé a escribir este artículo con la idea de comprender un poco más la gran variedad territorial, cultural, lingüística y medioambiental de la península ibérica. Mientras pienso sobre este tema, me doy cuenta de mi deseo para que toda esa diversidad sea respetada y protegida. Y lo que escribo ahora es también una especie de continuación/revisión de dicho artículo sobre el federalismo; sobre el que estoy bastante contento pero, como suele pasar, a día de hoy cambiaría un par de detalles y matizaría otros tantos.

Poca homogeneidad

Desde que tengo uso de razón me recuerdo a mí mismo observando las particularidades de los sitios que he visitado y a la gente que he conocido y no procede de donde yo. Acorde a esto, siempre noté que si se hablaba de España en concreto, lo que muchas veces veía en televisión, periódicos, etc., era una visión un poco homogeneizadora de ésta; y al final siempre me interesó una visión más diversa, porque creo que es más interesante y porque creo que es más fidedigna.

Quizá suene un poco exagerado y es muy difícil hacer una comparativa pero

me atrevería a decir que España es uno de los países más diversos del mundo

por lo menos acorde al número de habitantes/km² que tiene. A veces estos halagos pueden parecer gratuitos pero comentaré unos datos para argumentar lo que digo:– España cuenta con cuatro climas diferentes (sin contar sus diferentes subclimas): atlántico, mediterráneo, montañoso y subtropical (en Canarias), lo que le ayuda a ser el país con mayor biodiversidad de Europa; y por supuesto, estos climas influyen en las formas de ser y de hacer de sus distintos pueblos.– Además, geográficamente es, junto con Francia, el único país de Europa con kilómetros de costa en el mar Mediterráneo y en el océano Atlántico: el mar y el océano más importantes de nuestra cultura occidental; e históricamente las novedades siempre solían venir desde el mar. Por lo tanto, la península siempre fue un excelente cruce de caminos entre Europa, África y posteriormente Latinoamérica.

Gracias a esto España cuenta con influencias (y genética) que proceden de culturas tan diferentes y distantes como la celta o la islámica; lo cual hace que ser español y racista, además de negativo, sea un oxímoron. Y a posteriori, con la Monarquía Hispánica, esta posición geográfica siguió siendo importantísima ya que España (a través de la Corona de Aragón), influyó en el Mediterráneo de la Baja Edad Media y del Renacimiento. Y gracias al Atlántico, fue el país clave (principalmente mediante la Corona de Castilla) en el descubrimiento y la colonización (nada pacífica) de América. Con la retroalimentación cultural que esto supone para todas las partes.–

España tiene siete lenguas vivas propias: castellano, catalán/valenciano, gallego, vascuence, asturleonés, aragonés y aranés (occitano). Serían ocho si no incluimos a la fala extremeña dentro del gallego.

Y además, tiene un lenguaje silbado adaptado al castellano: el silbo gomero. Aparte del castellano, el resto de lenguas se utilizan en mayor o menor medida en 12 de las 17 comunidades autónomas actuales. Y eso sin contar las reclamaciones de sectores de Ceuta y Melilla pidiendo la cooficialidad del árabe y del tamazig en estas ciudades.

Mapa de las lenguas de España (mayúsculas) y de los dialectos del castellano (minúsculas). No se muestra la fala extremeñaAutor: Martorell (Wikimedia)La lengua castellana

Mención aparte merece la lengua castellana en concreto. Siendo la segunda lengua más internacional, la segunda también en hablantes nativos y la tercera en número de hablantes en total; hace que a España le lleguen influencias de sitios muy variados pero, como es de lógica, sobre todo de Latinoamérica; siendo el país europeo con mejor relación con ese subcontinente. Sin olvidarnos del auge del español (*) en países como Brasil o Estados Unidos, el cual genera cultura propia en esta lengua y donde ya hay importantes urbes en las cuales moverse únicamente en español es posible.

La contrapartida de esa fuerza del castellano se sufre en casa. El castellano es tan potente que le crea muchas dificultades a las otras seis lenguas autóctonas españolas. Por un tema práctico e histórico es normal que sea la lengua conocida por todos los españoles a la hora de entenderse; pero hay dos momentos en la historia en los que la imposición del castellano ante el resto de lenguas fue más que evidente: con los recurrentes Decretos de Nueva Planta (al fin y al cabo son el primer gran proyecto de imposición de todo lo castellano), mediante los cuales el resto de lenguas pierden toda la fuerza institucional que tenían anteriormente. Y durante el franquismo, período en el que estas lenguas no sólo no tienen ninguna oficialidad sino que además, se establece como no conveniente su uso en público.

Como contraposición, hablaré en concreto del catalán/valenciano, por ser la segunda lengua más hablada de España y la que más conozco, al ser también la de mi tierra, País Valenciano, y la del lugar en el que viví tres fantásticos años, Cataluña. Cuando a día de hoy, sectores del bipartidismo, junto a partidos de nueva hornada como UPyD y Ciutadans, dicen cosas como que el catalán se está imponiendo en Cataluña, están proclamando algo totalmente irreal. El catalán como mucho está intentando no perder terreno allá donde se usa. Por mucho que el catalán tenga más horas lectivas que el castellano en Cataluña y alguna ventaja institucional más, está en contacto con una superlengua que, además de tener la fuerza global de la que hemos hablado, es la habitual en montones de canales de televisión, periódicos…; es lengua de uso en Cataluña y fuera; tiene una literatura y una cultura con muchísima más producción; y así un largo etcétera. De las otras cinco lenguas españolas y el propio catalán fuera de Cataluña, ni siquiera se puede decir que gocen de esa misma protección institucional. O sea que, aunque ha habido avances al respecto, es fácil comprender las dificultades de los que abogan por la total normalización de estas lenguas vernáculas.

Monasterio de Sant Miquel dels Reis. Sede de la Acadèmia Valenciana de la Llengua y de la Biblioteca Valenciana

Más allá de los Decretos de Nueva Planta y el franquismo, es cierto que previamente a estos hechos, el castellano, ya se había establecido como la lengua de entendimiento entre los distintos lugares de la península. Primero porque aumentó su área de influencia con la unión del Reino de León a lo que se conoce como la Corona de Castilla; y posteriormente con la castellanización de la corte aragonesa, debido a la llegada a la regencia de la dinastía castellana Trastámara.

Pero afortunadamente todas estas otras lenguas provenientes del latín también han llegado hasta nuestros días; y sería un craso error menospreciar este gran legado. Las maneras propias de cada una de estas lenguas son únicas e irrepetibles y si desaparecen, desaparece la nombrada diversidad y por lo tanto desaparece riqueza. Por ejemplo, un madrileño no va de turismo a otras zonas de España buscando vivencias madrileñas; va buscando la diferencia que le enriquezca en lo cultural, gastronómico, medioambiental… Más reticencias hay a veces cuando la lengua que se escucha es diferente a la castellana, aunque sea la propia del lugar. Esto es clave a la hora de atajar el problema para la conservación de nuestra diversidad cultural. Si se quiere conservar una cultura es clave conservar su lengua; y para conservar su lengua, es imprescindible que se siga usando en todos los ámbitos de los lugares donde es originaria. Y para mí es un halago a la diversidad oír lenguas diferentes a lo largo y ancho de España. Ya me adaptaré yo o si se me hace difícil entenderlas, pediré educadamente al otro si se puede adaptar a mí.

Lo digo porque si lenguas que actualmente lo están pasando mal, como por ejemplo el aragonés o el asturleonés, se pierden, será un atentado a la cultura española. Y para conservarlas hay que oficializarlas, darles derechos y sobre todo, positivizar y fomentar la normalización de su uso, ya sea tanto por los nativos como por los forasteros de una zona determinada. En el fondo las ventajas del bilingüismo son varias y no tiene tanta importancia la extensión de la lengua en concreto. Saber apreciar las particularidades únicas de la lengua materna de gente como Lluís Llach, Rosalía de Castro o Ferran Torrent es conocer el pasado y enriquecer el futuro.

Si me pongo a pensar en todo lo comentado, relacionándolo en cierta manera con el federalismo, me da la sensación que muchos de los partidos nacionalistas que existen en España, en el fondo no se proclaman federalistas por la poca difusión que históricamente ha tenido este movimiento en la península. Si un federalismo profundamente democrático en todos los ámbitos: ejecutivo, legislativo, y en este caso, territorial, se aplicara en España; las pretensiones de soberanía territorial de muchos nacionalistas quedarían colmadas por encima incluso de lo que hoy día reclaman. Y tendrían las herramientas para practicar el nacionalismo que personalmente me puede parecer interesante: un nacionalismo cultural que, aun muy abierto a influencias, se dedique a conservar culturas propias y lenguas minoritaria.

En el artículo generalmente uso el término castellano por estar refiriéndome al español hablado en la península ibérica.

Cada vez se dice menos pero quiero recordar que las otras lenguas de la península no son dialectos del castellano. Casi todas son lenguas íberorromances nacidas con la consolidación de la Marca Hispánica. La gran excepción es el vasco, de la que no me atrevo a aventurar su origen. Por todos estos motivos me da la sensación que las alianzas que se están consolidado, tanto a nivel español como europeo, entre partidos verdes federalistas y nacionalistas de izquierdas, son más naturales de lo que a priori pueda parecer. Proteger biodiversidad o proteger diversidad cultural es proteger riqueza.